La mercadotecnia: cómo escoger los alimentos adecuados

¿Qué proporción de la población crees que conoce el significado de palabras como poliinsaturado, probiótico, prebiótico, aminoácidos, flavonoides, carotenoides, antioxidantes, triglicéridos, monoglicéridos o monosaturado? La respuesta es: prácticamente nadie, salvo los profesionales del sector de la nutrición y la medicina. ¿Crees que hace falta descifrar y memorizar el significado de todos esos términos para aprender a llevar una dieta sana? ¿Nos hemos vuelto locos? ¿O acaso se utilizan esos términos convenientemente para confundirnos y hacernos comprar aquello que ellos te dicen que es saludable? Al fin y al cabo, si algo es “rico en aminoácidos esenciales” debe de ser bueno…¿o no?

Te diremos aún más: ¿te has fijado que antes en la etiqueta de cualquier alimento aparecía la letra “E” seguida de una serie numérica y hoy en día apenas encuentras ningún producto con dicha ”E”? Tan pronto el consumidor ha aprendido el significado de dicha “E” y lo ha asociado con la presencia de aditivos, conservantes y estabilizantes en la comida, la industria alimentaria ha reaccionado con rapidez sustituyendo la E y los números por largas palabras de nombre impronunciable (monosacáridos, polisacáridos, poliinsaturado…etc). ¿Cuánto tiempo crees que tardarían en encontrar una nueva forma de denominar las propiedades de los alimentos si aprendiésemos el verdadero significado de esas palabras?

La evolución de los alimentos beneficiosos

A lo largo de las últimas décadas abundan las contradicciones y los cambios de opinión en las recomendaciones de la industria alimentaria y las autoridades sanitarias sobre los supuestos beneficios o perjuicios de determinados alimentos en nuestra dieta. El pan por ejemplo, es uno de los pilares básicos de la dieta mediterránea y es consumido desde hace miles de años, tanto es así que pudo haber sido uno de los primeros alimentos elaborados en la historia de los alimentos.

El pan en tu rutina dietética

Hasta la década de los 70, se consideraba que el pan más saludable era el blanco o refinado, pero a partir de entonces la industria cambió de opinión y comenzó a valorar más los beneficios de los productos integrales, al empezar a cambiar su percepción sobre el papel de la fibra en la dieta.

Tu dieta con alimentos a base de fibra

La fibra que ahora es alabada por los expertos por tener numerosas propiedades beneficiosas para el organismo, hace sólo unos años, era considerada como una merma para el producto que la contenía y era retirada sistemáticamente para poder obtener alimentos “refinados”. Justo al contrario de lo que se hace hoy en día. Durante los años 80, sin embargo, empezó a ser recomendada por los científicos al demostrar que sus propiedades ayudan a mejorar el tránsito intestinal. Ya en la década de los 90 se encontraron además muchos otros beneficios de su presencia en una dieta saludable:

La fibra, además, ayuda en la regulación de la glucosa y colesterol en sangre, fomenta la protección frente a ciertos tipos de cánceres y además contiene un bajo aporte calórico. Por ello hoy cualquier dieta saludable recomienda el consumo de pan, pastas y cereales integrales y desaconseja el consumo de los no refinados.

Cómo reconocer los alimentos más sanos

Aspectos a tener en cuenta a la hora de hacer una compra saludable

Al igual que este cambio de percepción frente a la fibra, ha habido muchos otros a lo largo de las últimas décadas. Algo que no hace sino complicar nuestra toma de decisiones a la hora de elegir una cesta de la compra saludable.

Un buen ejemplo de cómo la industria alimentaria “crea” alimentos “nuevos” a partir de la idea de la novedad por la novedad para mantener el interés de los consumidores, son los llamados “palitos de cangrejo”: Bien… están ricos y además son baratos, ¿entonces cuál es el problema?

El problema es que llevan de todo menos cangrejo. Los palitos de cangrejo son un excelente ejemplo del marketing empleado por la industria para que parezca que estás comprando un producto que imita a otro de mayor prestigio, como el cangrejo. Y la realidad es que lo que estás comprando no es sino un conglomerado de pescado blanco picado mezclado con almidón, azúcar, clara de huevo, sal y montones de aditivos en forma de aromas y potenciadores de sabor, para convencerte de que efectivamente lo que te estás metiendo en la boca se parece en algo al cangrejo.

Reglas de Oro para consumir los mejores productos para tu salud

Y con todo este lío, ¿cómo demonios sé entonces si lo que compro en el supermercado es sano o no? Las reglas que te proponemos para no equivocarte son las que te proponemos a más abajo. Si quieres saber, además, qué directrices seguir para perder algo de grasa, puedes pasarte por este artículo.

  • Si el alimento en cuestión lleva etiqueta, empezamos mal. Los alimentos más saludables que podrás encontrar en tu supermercado no llevan etiqueta. Se encuentran en la sección de “frescos” y no están empaquetados. Se trata de las verduras que compras al peso, las frutas, el pescado… etc.
  • Si la etiqueta lleva una lista tan larga de ingredientes que apenas cabe en la parte posterior del paquete, desconfía y párate seriamente a pensar lo que vas a comprar.
  • Si además el envase contiene en su cara frontal un mensaje con sus supuestas bondades y beneficios, alerta roja. ¡Te están intentando vender ese producto a toda costa!
  • Si el ingrediente principal es el azúcar (o cualquiera de los términos elegidos para camuflarlo: glucosa, fructosa, lactosa, maltosa, sorbitol, xilitol, dextrosa, sirope de cebada, azúcar de remolacha, sirope de arroz moreno, cristales de caña, edulcorante de maíz, pulpa de fruta y otros muchos que no son más que eufemismos que solo significan una cosa: azúcar añadido), sin duda deberías volver a colocar ese producto con mucho cuidado en su estantería, lo más alejado posible de tu cesta de la compra.

Esperamos que estos consejos te hayan servido de gran ayuda para poder elegir qué alimentos quieres consumir en tu rutina alimentaria. ¡Ahora ya sabes qué es lo mejor para tu cuerpo!

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