¿Son buenos los productos light? ¡Los analizamos!

Desde que el sobrepeso y la obesidad se convirtieron en una epidemia mundial se ha desarrollado una enorme industria alrededor de productos elaborados con sustitutos que ofrecen los mismos alimentos que tanto gustan, pero que son muy ricos en calorías, carbohidratos y grasas, por otros que conservando el sabor, no afectan en la misma forma el peso de quienes lo consumen.

Alimentos dietéticos Vs. Alimentos bajos en calorías

En primer lugar hay que establecer una clara diferenciación entre los alimentos dietéticos (Diet), y los alimentos con bajas calorías (Liphf y Fat-free). El primer grupo, el de los dietéticos, corresponde a aquellos que han sido alterados en su composición para cubrir las necesidades especiales de nutrición requeridas por un grupo de personas con una determinada intolerancia, o problema de salud. Vale decir, en este caso, alimentos libres de gluten, de lactosa, bajos en colesterol, bajos en sodio, etc. En estas circunstancias el objetivo principal no tiene ninguna relación con el peso, y quienes lo consumen, por lo general lo tienen claro. 

Luego tenemos el conjunto de los alimentos light, y aquí viene el primer problema. Cuántas veces hemos escuchado decir a alguien que está en una dieta para adelgazar que “solo comió un paquete de galletas y un refresco, pero eso no le perjudica porque al ser light, no le harán aumentar de peso”. Hay quien ha llegado a pensar que es buena idea sustituir una o varias de las comidas del día por algún producto light, y que eso le puede favorecer en su dieta, “porque de esa manera come menos calorías”.

El error es comprensible porque es lo que queremos creer. Nadie con autoridad en la materia ha afirmado nunca que este tipo de productos carezca de calorías en forma absoluta, o que por sí solo pueda hacer adelgazar. Una afirmación de esa naturaleza resultaría falsa. Es quien decide consumir este tipo de producto el que lo asume, porque sería la solución más sencilla a su problema dietético, pero la idea surge de una mala interpretación: un alimento ligero no está ausente de calorías. La realidad de cada producto hay que buscarla en la etiqueta.

Pero ¿qué significa entonces que un producto es ligero, o light? Un alimento es “ligero” si tiene una reducción de al menos 30% de sus nutrientes, con respecto al original (la reducción puede corresponder a calorías, grasas, carbohidratos, etc.). Por favor deténgase un momento para que analice lo que acaba de leer: estamos hablando de un solo factor, es decir, que puede tener menos calorías, o menos carbohidratos, o menos grasas, y con solo 30% menos que el original ya puede ser considerado ligero, lo que significa que si usted se come dos raciones del ligero, está ingiriendo más calorías, carbohidratos, o grasas que si come una sola ración del alimento original.

¿Y el libre de grasa, o fat-free? Lo que esto significa es que solo 30% o menos de las calorías provienen de las grasas. Es decir, no quiere decir que tenga menos calorías, sino menos grasa. Estos productos, por lo general, sustituyen el contenido graso por proteínas, o carbohidratos, y en este caso tendrían un mayor efecto sobre la insulina que sus variantes originales, por lo que pueden contribuir al aumento de peso por razones diferentes al contenido calórico. De nuevo la respuesta está en la etiqueta, que casi nadie lee.

Alimentos bajos en grasas

Edulcorantes artificiales: ¿son seguros?

Una gran cantidad de los productos light (caramelos, dulces, refrescos, etc.), reducen las calorías sustituyendo el azúcar por edulcorantes artificiales. Muchas personas preocupadas por su peso también utilizan estos edulcorantes reemplazando el azúcar en el café, infusiones, e incluso en la preparación de postres. Pero ¿sabemos qué son los edulcorantes artificiales? Éstas son sustancias que endulzan los alimentos sin aportar calorías a la dieta. Entre ellos tenemos como ejemplo: la sacarina, el aspartame, la sucralosa y otros.

En los años 70 un estudio realizado en ratones relacionó la sacarina con el cáncer de vejiga, y este edulcorante fue retirado del mercado, pero pruebas posteriores establecieron que el mecanismo por el cual se producía el cáncer no es posible en humanos, y que su consumo es seguro, motivo por el cual se le volvió a otorgar la aprobación para su uso en la industria alimentaria. En la década de los 90 se publicó un documento que relacionaba los tumores cerebrales con el aspartame, pero estudios posteriores (Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos), concluyeron que no existía dicha relación. Hay estudios en animales y humanos con respecto a la sucralosa que afirman que es segura.

Más recientemente se ha puesto de moda la estevia, derivada de una planta, que aunque resulta novedosa para la cultura occidental, ha sido usada en su forma natural por los indígenas de Paraguay y Brasil durante siglos, y como endulzante en Japón por cuarenta años. El problema con la estevia es que deja un regusto amargo, y su presentación comercial puede venir mezclada con otros edulcorantes. Además, es importante advertir que puede interactuar con ciertos medicamentos, por ejemplo, los usados en el tratamiento para la diabetes o la hipertensión, motivo por el cual lo recomendable para quien se encuentre bajo tratamiento es consultar su consumo con el médico tratante. 

Como podemos comprobar, a los edulcorantes artificiales se les ha atribuido relación con muchas enfermedades crónicas, pero las evidencias de laboratorio reportadas han sido en animales, y en otras ocasiones de naturaleza circunstancial. Los organismos públicos relacionados con la aprobación o rechazo para su consumo humano, en general les han dado el visto bueno. Sin embargo, la mayoría parece estar de acuerdo en que su exceso no es recomendable (cada uno tiene dosis que son consideradas seguras), y muchos de ellos no deben ser sometidos al calor.

En conclusión, no hay pruebas determinantes de que los edulcorantes artificiales perjudiquen su salud, pero tampoco la certeza de que su uso regular le ayude a normalizar su peso, más bien algunos estudios recientes apuntan en sentido contrario.

Sustitutivo para no engordar

Edulcorantes naturales: ¿engordan menos?

Existe la falsa creencia de que la miel, por ser más natural influye menos sobre el aumento de peso, y no sube la glicemia en la misma proporción que el azúcar. En realidad la miel es básicamente glucosa, además de algunos otros elementos como vitaminas, minerales, etc. Se absorbe muy rápido, por lo que tiene un índice glicémico alto. Tiene más calorías que el azúcar, de manera que no es recomendable a la hora de prevenir el aumento de peso, y nunca debe ser suministrada a niños menores de dos años.

¿Y la fructosa? Este monosacárido no requiere insulina para ser utilizado por los tejidos, y su metabolismo ocurre a nivel del hígado. La fructosa no puede ser utilizada en forma directa como fuente de energía por el tejido nervioso, ni por otros tejidos, y cuando se consume en exceso, se utiliza para la formación de grasa destinada a ser almacenada. Hoy se contraindica su ingesta a los pacientes con diabetes. Las cantidades aportadas por una dieta equilibrada (el porcentaje de fructosa que puede provenir de las frutas en su estado natural), es perfectamente manejable por el organismo sano. Los problemas comienzan cuando su ingesta es excesiva, lo cual suele ocurrir con mucha frecuencia. Recordemos que el azúcar (sacarosa) está formado por una molécula de glucosa y una de fructosa, y lo que es peor, muchos preparados industriales de consumo habitual (como las bebidas gaseosas), contienen jarabe de maíz rico en fructosa entre sus ingredientes. Para evitar excederse con la fructosa es importante moderar el azúcar y leer siempre la etiqueta nutricional.

 

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