El papel de las bebidas en la dieta

El término “bebidas” engloba cualquier líquido que se ingiere. En general las bebidas se dividen en dos grandes grupos: las que contienen alcohol y las que no lo contienen. Entre las bebidas no alcohólicas la más importante y recomendable es el agua. Las demás (zumos, gaseosas, bebidas hidratantes, etc.), influirán sobre el peso en función de su contenido de azúcares. Las bebidas alcohólicas contribuyen al aumento de peso por el alto contenido calórico del etanol y su efecto sobre el hígado, favoreciendo el depósito de las grasas.

A continuación daremos un repaso por los diferentes tipos de bebida mencionados para conocer qué beneficios y qué inconvenientes pueden tener para el funcionamiento de nuestro organismo. Además, te informamos de cuáles no debes separarte si quieres seguir una dieta equilibrada y cuáles te ayudarán a perder grasa.

Bebidas No Alcohólicas

Pasemos a hablar primero de las bebidas de consumo más frecuente, las no alcohólicas. Algunas de ellas son las que siempre acompañan a cualquier buen plan dietético. Desde el agua hasta las infusiones, pasando por los zumos, las bebidas isotónicas y las energéticas.

Agua

Entre las bebidas no alcohólicas la más importante es el agua, y también el componente principal del resto de los líquidos, así como de muchos alimentos. El agua es fundamental para la vida, representa el 70% del peso corporal y está involucrada en todos los procesos bioquímicos y fisiológicos que ocurren en nuestro organismo. No implica ningún aporte calórico o nutricional. Las recomendaciones de agua se calculan alrededor de 2 litros al día, tomando en cuenta que casi todos los alimentos aportan agua en mayor o menor proporción (las frutas y los vegetales, por ejemplo tienen un importante contenido de agua), y también hay que sumar las infusiones, café, etc. Las necesidades de agua pueden ser mayores en niños, ancianos y deportistas, y también pueden aumentar en cualquier condición que ocasione pérdida de líquidos, tales como sudoración, la ingesta de diuréticos, enfermedades intestinales que ocasionen diarrea, etc.

El mejor indicador de cuánta agua necesitamos es la sed, aunque muchos consideran que la aparición de este síntoma indica ya el comienzo del proceso de deshidratación, y que no se debe esperar a sufrirla. Por otro lado, aunque es bastante raro que ocurra en personas sanas, el exceso de agua o sobre hidratación también puede resultar peligroso. Si la cantidad de agua que se ingiere es superior a la que pueden manejar los riñones para su eliminación, se puede producir un desequilibrio hidroelectrolítico (desequilibrio entre las proporciones de sodio y potasio de la sangre) con severas repercusiones. Desde luego, para llegar a estos extremos el consumo de agua debe ser notoriamente excesivo.

Las personas que más cuidado deben tener acerca de los volúmenes de agua que ingieren son quienes sufren alguna enfermedad en la que sea necesaria la restricción de su consumo (insuficiencia renal, por ejemplo), para lo cual lo más recomendable es seguir las instrucciones que el médico tratante haga al respecto.

Por otro lado, existen problemas de salud que pueden ocasionar una necesidad de beber líquidos en forma exagerada (polidipsia). Por lo general, este síntoma se encuentra relacionado con enfermedades, como por ejemplo la diabetes. También puede tener un origen psicológico (potomanía), cuando se trata de un deseo compulsivo de beber continuamente una gran cantidad de agua, sin causas orgánicas demostrables. La potomanía puede estar asociada a trastornos de la alimentación como la anorexiaCon independencia de su origen, la necesidad imperiosa de consumir líquidos en exceso puede ser una señal de alarma que amerita ser atendida por el médico correspondiente.

Zumos de frutas

Por otro lado, el consumo suficiente de agua es necesario en una dieta equilibradaSin embargo, debido a que se trata de un líquido insípido, no resulta extraño que el agua sea sustituida por otras bebidas más atractivas para el paladar. El problema es que casi siempre el azúcar es un añadido presente en esas bebidas, y esto puede alterar todo el equilibrio que se logra con una dieta bien balanceada. Es lo que suele ocurrir con los zumos de frutas, que aunque se preparen sin azúcar, el proceso de trituración facilita la absorción de la glucosa contenida en ellas, aumentando su índice glicémico. Esto no significa que debamos eliminarlos por completo, pero sí conviene evitar tomarlos con demasiada frecuencia, y tener en cuenta su elevado índice glicémico a la hora de consumirlos.

Agua para perder grasa

Refrescos con o sin gas

Como bebida de ingesta habitual también están los refrescos o bebidas gaseosas, con una alta proporción de azúcar y jarabe de maíz (muy alto en fructosa), con un índice glicémico muy elevado. Contienen además gas carbónico, y ácido fosfórico. El ácido fosfórico favorece la eliminación de calcio por la orina, induciendo a la osteoporosis y facilitando la formación de cálculos renales. Muchas personas preocupadas por su peso optan por sustituir los refrescos por su variante “light”, pero se ha demostrado que el consumo regular de refrescos ligeros aumenta la circunferencia abdominal. De manera que no parece una buena idea.

Bebidas Isotónicas

Éstas, básicamente están formuladas para los deportistas. Contienen agua, electrolitos, azúcares en poca cantidad, y saborizantes. Estas bebidas son útiles en especial cuando se ha perdido agua y sodio a través de la sudoración, pero es frecuente que se consuman también como sustituto del agua. En este caso, la cantidad de glucosa es baja, pero hay que tener precaución por los electrolitos que contienen. Durante el ejercicio, y en situaciones en las que el organismo esté sujeto a deshidratación, estos electrolitos son de reposición por los que se están perdiendo y resultan beneficiosos, e incluso necesarios. Sin embargo, si estas bebidas se usan con frecuencia y por tiempo prolongado en condiciones en las que no ha habido pérdida de electrolitos, es posible llegar a exceder el aporte de sales al organismo, pudiendo afectar los riñones y causando retención de líquido. Esta precaución es muy importante en las personas que sufren de hipertensión.

Bebidas Energizantes

No debemos confundir las bebidas isotónicas con las energizantes. Estas son bebidas estimulantes sin alcohol que se diferencian de las isotónicas en que contienen mayor concentración de carbohidratos, además de ciertos aminoácidos (taurina, carnitina), cafeína y algunas hierbas estimulantes como el ginseng o el guaraná. Su objetivo es aumentar el rendimiento físico y mental por corto tiempo, pero no son recomendables para la rehidratación, por su alto contenido en cafeína, que tiene efecto diurético.

Por otro lado, nunca deben mezclarse con alcohol, porque esto puede aumentar sus efectos negativos (taquicardia, hipertensión, nerviosismo, insomnio, etc.) Tampoco se recomienda su consumo por niños, embarazadas, ni personas con problemas cardiovasculares o neurológicos. Y desde luego, no ayudan si su intención es bajar de peso.

Infusiones

Por último, entre las bebidas no alcohólicas de consumo frecuente tenemos las infusiones. Las infusiones se obtienen al introducir hierbas o frutos aromáticos en agua caliente. Las más comunes son el café y el té. Con respecto a ellas, sus efectos dependerán de la hierba utilizada para elaborarlas, y su contenido calórico y nutricional de los agregados que la acompañen (leche, azúcar, etc.).

En conclusión, con respecto a las bebidas no alcohólicas, la más conveniente para consumo habitual es el agua, aunque en ocasiones se pueden tomar otras opciones, siempre procurando que su contenido de azúcares no sea excesivo, y que no resulten perjudiciales para la salud. Las infusiones, y en las condiciones adecuadas las bebidas isotónicas, pueden ayudar a hacer menos monótono el aporte de líquidos.

Adelgazar con los líquidos adecuados

Bebidas Alcohólicas

Pasemos ahora a hablar de las bebidas alcohólicas. El componente que las caracteriza es el alcohol etílico o etanol, que se obtiene a partir de la fermentación de azúcares o féculas, pudiendo o no ser destilado con posterioridad. Es una sustancia psicoactiva, cuyos efectos dependerán de la cantidad que se ingiera. En una primera etapa induce un sentimiento de euforia y desinhibición. Si se continúa su consumo ocasionará intoxicación, momento a partir del cual afectará el sistema nervioso, con descoordinación, y pérdida de equilibrio, luego confusión, náuseas, vómitos, pérdida de la conciencia, y en casos extremos se puede llegar al paro cardiorrespiratorio y la muerte.

El etanol se absorbe directamente en el estómago, sin ser digerido. Este proceso es más rápido si el estómago se encuentra vacío. Tiene un alto contenido calórico (7 kcal/gr), y el índice glicémico depende del tipo de bebida, siendo mayor en los licores dulces, y en segundo lugar en los fermentados (cerveza y vino). Éstos contienen carbohidratos, proteínas, sales minerales, y en el caso del vino, taninos. Los licores destilados aportan contenido calórico pero no nutricional.

El alcohol etílico consumido en altas cantidades y por tiempo prolongado tiene efectos negativos en muchos tejidos, en especial en las células del hígado, y puede ocasionar daños permanentes a nivel cerebral (neuronas). Afecta también órganos como el corazón, el sistema digestivo (estómago, esófago, hígado, páncreas), el sistema inmunológico, etc., pero este no es el tema que estamos tratando.

Lo que sí resulta pertinente con respecto al consumo de alcohol y el aumento de pesoademás de su alto contenido calórico, tiene que ver con el rápido aumento de la utilización del glucógeno almacenado en el hígado, por lo que se estimula la producción de triglicéridos, y también de colesterol de baja densidad (LDL), es decir, del “malo.”

Además reduce el triptófano, afectando la producción de la serotonina, lo cual puede incidir en el apetito, alterar el ritmo del sueño y producir depresión. Por si fuera poco, si el consumo es alto y por tiempo prolongado favorece la aparición de resistencia a la insulina y de diabetes tipo II.

Pese a todos sus efectos dañinos, el alcohol es omnipresente en la mayoría de los eventos sociales, y evitarlo por completo no siempre resulta fácil. Sin embargo, un consumo moderado (sin llegar a la fase de intoxicación), y ocasional, no tiene por qué terminar en daño de ningún órgano. Con respecto al peso, ayuda reducir la cantidad y acompañarlo de alimentos bajos en grasas, ya que por su efecto sobre el hígado, si se acompaña de una comida rica en grasas, favorecerá su depósito y contribuirá al sobrepeso.

Desde aquí esperamos que te hayan sido útiles estos consejos y que puedas incluir en tu dieta las bebidas más beneficiosas para tu cuerpo y que seguro te ayudarán a adelgazar.

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